martes, 24 de febrero de 2009

Una buena pregunta


Una buena pregunta es, ¿Qué es la música clásica?, en lo personal aun no atino a encontrar tal definición y, quizás ni la allá, quizás en el fondo la música solo sea eso, solo música sin definiciones necesarias.
Podría decirse en ese intento obstinado de definir que música clásica es la música seria, pero al principio en el barroco y después en el siglo XIX esta música se hacia exactamente para lo contrario, para divertir al publico. También he escuchado que es la música de academia, es decir que quien la compone es una persona que ha ido al conservatorio, sin embargo tampoco es muy exacto pues por ejemplo Mozart fue básicamente autodidacta y Beethoven ni se diga, pues solo se paro por una universidad ha estudiar cosas como filosofía y letras.
Tampoco podemos restringir la definición a los instrumentos que se utilizan como se podría hacer con música autóctona o ciertos géneros como el Jazz, pues una Sinfonía puede llevar fácilmente mas de un ciento de instrumentos, mientras que una sonata puede ser para dos o un instrumento y, tanto la sinfonía como las sonatas son música clásica.
A la mejor, la mejor solución es decir que la música clásica es la que se toca con corbata o smoking, mientras que las mujeres van en traje de noche a tocar esta música. Quizás esto de la vestimenta le de ese toque de seriedad que desde lejos suele imputársele a este genero, pero estoy seguro que igual se puede tocar algo de Debussy en pantalones cortos, aunque nuestro paradigma nos obligaría a distraernos demasiado en la indumentaria de tan osado interprete.
Alcides

domingo, 1 de febrero de 2009

¿Qué es pensar?



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Hace unos días me toco viajar junto a un par de japoneses y, durante el viaje, ellos entablaron entre si una charla muy amena, pues reían asiduamente; obviamente tales motivos de risa resultaban para mi totalmente incomprensibles; sin embargo esta situación, que estoy seguro todos hemos vivido alguna vez, me llevo a reflexionar sobre que eran esos sonidos ininteligibles para mi, pero que sin embargo para ellos resultaban toda una serie de ideas graciosas.
Obviamente lo primero que había entre ellos era una comunicación plena, es decir, un emisor y un receptor, elemento básico para todo tipo de comunicación; pero mas en el fondo había una serie de ideas, es decir, pensamientos, pero ¿qué es pensar?.
Esencialmente puede ser entendido como el acto de tratar de entender el entorno que nos rodea; entenderlo para adaptarnos a el, o bien, entenderlo para poder modificarlo a nuestro beneficio.
Esta capacidad de pensar es la que nos distingue del resto de los seres vivos y es al mismo tiempo, el arma con el cual nos doto la naturaleza para luchar por la subsistencia.

Como hemos visto en el caso de los dos acompañantes japoneses, el lenguaje, es un elemento primordial para el desarrollo de las ideas, es decir, para lograr su evolución a partir de racionamientos más elementales. En si, el lenguaje es solo una convención de sonidos y signos que con el auxilio de la memoria, hacen mas fácil la comunicación de tales ideas y por ende su progreso en cuanto se ve enriquecida por las aportaciones de otras personas.
Si bien sin lenguaje si son posibles las ideas, para muestra de ello recordemos simplemente algunas acciones de los niños, sin embargo sin este, solo son ideas elementales. Y que parecen más un acto instintivo que un acto racional. Por ello el desarrollo de la capacidad intelectual va ineludiblemente conectado con la capacidad de aprender un lenguaje.
Ahora bien, ¿Cómo llevamos acabo el acto de pensar?, dentro de lo complejo que este proceso, me gustaría hacer mención de los siguientes aspectos:

El principio lógico.

Con la frase el principio lógico, lo que quiero inferir es que, nuestras ideas parten de ideas más simples, por ejemplo: el aprendizaje de las ecuaciones diferenciales, parte del aprendizaje del cálculo diferencial e integral y a su vez de la geometría analítica, que a su vez proviene del álgebra y así hasta lo más elemental que podría resultar la aritmética. Esto seria desde una visión retrospectiva del aprendizaje, sin embargo, estas bases nos sirven esencialmente para ir hacia el frente, pues por ejemplo, las ecuaciones diferenciales se encuentran actualmente en el análisis de los fractales, ¿Qué descubriremos mañana?, ¿Qué seguirá de los fractales?.

Sin embargo, en la practica diaria, es decir, en nuestra actividad intelectual cotidiana este principio lógico suele encontrarse muy oculto en nosotros, tanto que resulta imposible o en el mejor de los casos sumamente difícil establecer su origen; pues inclusive tendemos una serie de barreras donde la mayoría nos autoprohibidos entrar, pues consideramos estas áreas de nuestro pensamiento como algo que debe permanecer inmaculado y que el simple intento de indagar sobre ellos acaba con la virtud de su contenido, estos espacios vírgenes se dan dentro del campo de los llamados paradigmas. Al respecto de hurgar en estos paradigmas, creo que fue el filosofo Arthur Schopenhauer el que escribió alguna vez que el acto de pensar, era el acto que mas temía el hombre, pues en el fondo sabia que al hacerlo descubriría que la inmensa mayoría de sus pensamientos y creencias no tenían un sustento racional.

Este problema de no cuestionarse tiene hoy mas que nunca un gran hauje debido a que al menos la sociedad occidental tiende a etiquetarse como secular y laica; por tanto requiere resguardar todo su contenido bajo lo “racional”, sin embargo, como hemos venido diciendo en el párrafo anterior , lo “racional” no es sino un concepto limitado, ya que resulta mas que evidente que el conocimiento pleno de las cosas y sus respectivas causas esta cada día mas lejano, esto lo demuestra el avance exponencial de las ciencias; es decir, mientras mas cosas nuevas se saben, mas cosas se descubren que se desconocen. O como lo hemos planteado hace un momento: a raíz de las ecuaciones diferenciales hemos descubierto los fractales, pero ¿Qué seguirá?.

El principio lógico de nuestras ideas no solo se da en el campo científico, sino en todos los campos del pensamiento, sobre todo en el aspecto moral, es decir, nuestros juicios morales, parten de lo que aprendimos desde la más temprana edad. Obviamente, el pensamiento moral no puede ser enseñado o aprendido en su totalidad a partir de un sistema estructurado, como puede llegar a ser la educación adquirida en las escuelas, sino que gran parte de ella se da por imitación de los patrones de conducta de las personas que nos rodean: padres, familiares, amigos, etc. o lo que en psicología se ha dado a llamar “súper-yo”. Con ello no queremos inferir un determinismo, pues esta bien documentado que algunos de los peores asesinos en serie provienen de familias estables; y por el contrario de familias disfuncionales han surgido grandes líderes morales.

El libre albedrío.

El libre albedrío, es la decisión final de nuestra conciencia sobre algún tema especifico; ahora bien, este juicio no es otra cosa que un pensamiento particular, generalmente del orden moral, o al menos, es en este orden moral es donde podemos percibir mas fácilmente su existencia, pues es allí donde nos resulta mas complicado establecer que es lo correcto. Esto es lo que en pedagogía y psicología se le llama “principio de realidad”
Todos hemos experimentado durante el devenir de nuestra vida un encuentro con este tipo de decisiones, cuando nos enfrentamos a la encrucijada de tomar una postura personal respecto de algún punto que resulta álgido; pues es a lo que suele llamarse la batalla de la conciencia, ya que una parte de nosotros dice si, mientras la otra dice no.
Creo que esta es la parte más profunda de nuestros pensamientos y de donde brotan las decisiones que marcan el rumbo particular de nuestras vidas; por tanto, debiera ser un área a la cual le prestásemos marcado interés, pero por paradójico que resulte suele ser el área que menos nos interesa y más desconocida nos es.
Una prefiguración de esta batalla de la conciencia la podemos ver en el relato bíblico del Génesis, donde Adán y Eva llevan a cabo una disertación sobre comer o no del fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal. Pues en realidad estos dos personajes -casi mitológicos- somos nosotros mismos, y no me refiero con ello a la cuestión de genero, sino mas bien a que todos tenemos una voz que dice “si comer” y otra “no comer”.

La pregunta más importante

Ahora bien, una vez que hemos hablado un poquito del principio lógico y el libre albedrío, y por tanto hemos empezado a esbozar que resulta complicado establecer juicios correctos la pregunta que surge es obviamente la siguiente, ¿cómo establecer tales juicios ( o pensamientos) correctos?. La pregunta se torna difícil sobre todo en nuestro tiempo actual, pues se pueden distinguir dos grandes tendencias que más que ayudarnos suelen hacernos desviar del estrecho sendero de la verdad:

La razón pura: Nuestro tiempo puede ser llamado con justicia como la era de la razón, pues el culto a la actividad intelectual a tomado niveles de autentico fundamentalismo, es decir, todo lo hemos puesto en tela de juicio, en post de una supuesta era del fin de los mitos -hasta nuestras propias dudas- y al final hemos quedado mas enredados que al principio o para decirlo en un lenguaje mas (seudo) filosófico, caemos en la nausea existencial; que no es otra cosa que descubrir nuestra pequeñez intelectual y a pesar de ello seguir enfrascados en descifrar toda la verdad con la mera razón individual.

La inercia: Hoy mas que nunca se encuentran a nuestra alcance un universo de conocimientos, sin embargo a pesar de ello, también hoy mas que nunca nos hemos vuelto intelectualmente sedentarios, pues nos conformamos con saber que esa información que a las generaciones pasadas les ha costado siglos y siglos de esfuerzo intelectual se encuentra a nuestro alcance en el disco duro de nuestra computadora, en la biblioteca o en el Internet.; pero no vamos mas allá, nos conformamos pues, con un cierto enciclopedismo consistente en tener una vaga idea biográfica de los grandes pensadores que ha dado la humanidad. Un ejercicio demostratorio seria preguntar a un estudiante medio de nivel bachillerato quien fue H.W. Hegel, nos respondería que fue el “inventor” de la dialéctica.

El síntoma mas claro de esta pandemia actual es que mucha gente transcurre su vida sin siquiera vislumbrar, necesitar o desear que exista algo mas que un poco diversión fuera de su circulo vital, es decir, se conforman con nacer, crecer, reproducirse y morir, siempre y cuando existan algunos momentos de diversión entre estos cuatro puntos cardinales de la vida meramente biológica.

En gran medida estas dos desviaciones se deben a un mal uso del avance de la ciencia y la tecnología, pues de ambas asumimos que su objetivo primordial es brindarnos confort, longevidad, diversión, etc. por lo que vamos de un sedentarismo a un pasivismo no solo físico, sino intelectual, interpersonal y hasta espiritual.

Pero volvamos a la pregunta inicial, cuya respuesta es -como todas las respuestas importantes- un proceso de vida, es decir, un esfuerzo continuo por mejorar primero que nada nuestro principio lógico y por esclarecer los impulsos de nuestro libre albedrío.

Mas dejar todo a la razón seria caer en el error que denunciábamos un poco mas arriba, por tanto es imperativo desarrollar otras dos principalísimas actividades que se desprenden de nuestra actividad cerebral pero que tienen que ver mas con lo que solemos llamar el corazón o el alma, me refiero primero a la creatividad artística y por otro a la expresionalidad religiosa. Negarle la voz a estas dos vertientes de nuestro ser, es mutilar gravemente nuestra esencia.
Como modo de conclusión cito aquí el poema “Tu Filosofa…” de Amado Nervo, que indudablemente expresa mejor esto ultimo que aquí he tratado de decir:

Tú filosofa, mientras yo sueño,
Cerebro mío…Filosofa mientras.
Yo, con mi adoración, donde no entras
Entrare: más que tuyo es fiel mi empeño.

Con el farol de tu filosofía
No hallaras nunca a Dios, ¡oh mente esclava!,
Sino con el amor: ¡ quien más le amaba
-San Francisco de Asís-mas le veis!.

Cinco mil años hace, por lo menos,
Que los doctos, metafisiqueando,
La explicación del ser anda buscando:
¡magines vacuos, de palabras llenos!

Y mientras van, cómicamente serios,
Devanando su enredo silogístico,
Un éxtasis le basta a cualquier místico
Para sondear los más altos misterios.

El filosofo de hoy, inconsecuente,
Rie de los de ayer: ¡el solo sabe!
Y dentro de muy poco, en cuanto acabe
El divagar inútil de su mente.

Otro reirá también de sus premisas
Y de sus conclusiones; y así estamos
Perdiendo el oro del vivir, y vamos
De las risas de ayer a nuevas risas.

Mientras que el “despreciable” iluminado
No pierde el tiempo en discutir, ni duda:
¡Ve cara a cara la Verdad desnuda,
y se funde con Dios porque le ha hallado!.


jueves, 29 de enero de 2009

Sinfonías versus Sinfonías.


Las sinfonías del siglo XIX apoyaban su sonoridad en las cuerdas, especialmente en los violines, mientras tanto las sinfonías, o mejor dichos los compositores del siglo XX descansaban su sonido en los instrumentos de viento, con lo cual tienden o tendían a hacer series de largas notas, Sibelius, Shostakovich, Rachmaninov son buenos ejemplos de esto ultimo mientras que de los siglos XIX podríamos citar a los multifamosos Beethoven, Mozart y el creador de estas obras Haydn.

A mi me parece que hacer una sinfonía basado en las cuerdas es mucho mas complejo, dado a su sonoridad tan breve se complica hacer atmósferas, que son tan importantes en una buena sinfonía.

Cada quien puede disfrutar la música del siglo que le plazca, lo importante es escucharla sin prejuicios.

Alcides

¿Tener o Ser?


Hace unos días leía “Tener o Ser” de Erich Fromm, donde el autor establece que el hombre contemporáneo se encuentra tarde o temprano frente a esta disyuntiva: ¿tener o ser?, o lo que hoy conocemos como el consumismo como pretendido satisfactor de todas las necesidades; tal vez hoy, no nos suena tan novedoso lo propuesto por Fromm, pero para la época en que fue escrito, hace alrededor de 60 años fue uno de los pioneros en alertarnos sobre los peligros del consumismo.
A mi lo que me llama la atención –aunque Fromm no lo plantea- es que esa disyuntiva entre el tener y el ser a llegado hasta el Catolicismo, bajo esta mascara: ¿Hacer o Ser?.
La forma “Hacer” se presenta bajo las siguientes primicias: dime cuanto haces en la Iglesia y te diré cuanto vales, dime en cuanto ministerios andas metido y te diré que tan buen católico eres; dime cuantos laicos comprometidos tienes y te diré que tan buen párroco eres.
El laico común lleva un horario pesado de trabajo, al final de la jornada asiste a su Iglesia con el anhelo de encontrar el alimento espiritual que le fuerzas para enfrentar a este mundo tan adverso a la fe, pero se topa la mas de las veces con un discurso similar al que ha recibido durante todo el día: obras, obras, obras ¡!!!., ¿no es esto desmotivante? Claro que si, por eso los templos están cada día mas vacíos pues la gente prefiere quedarse en casa viendo el Big Brother o el reality show de moda, que le proporcionara aunque sea un ínfimo instante de seudo-felicidad, que al final no es otra cosa que olvidarse por un rato de la realidad, todo esto siempre y cuando pague el precio de desenchufar su cerebro; pero prefiere esto a ir a un templo donde recibirá un poco mas de estrés.

Entonces, lo que se antepone como una urgencia es rescatar la forma “Ser”, pero ¿en que consiste la forma “ser” en la Iglesia?, creo que la mejor respuesta nos la da Jesús mismo la noche en que instituyo la eucaristía, mas explícitamente en el relato de San Juan (Jn 13:3-10), cuando se lleva a cabo el lavatorio de los pies en los apóstoles. Muchos se escandalizan cuando se dan cuenta que Juan omitió el acto de la institución eucarística y se justifican diciendo: es que Juan ya había leído los otros evangelios y no quiso repetir lo que los otros ya habían dicho , eso es una verdad a medias, pues lo que Juan quiso dejar muy bien marcado con esta omisión es que no nos podemos acercar plenamente a Jesús si no estamos dispuestos a dejarnos lavar los pies por el.

¿En que consiste dejarnos lavar los pies por Jesús? Consiste en auto-permitirnos estar simplemente ante su presencia como aquella Maria en casa de Lázaro (Lc 10:38-42), consiste en la comunión plena entre nuestro espíritu y el espíritu Santo. Consiste en ser dóciles ante su presencia. Claro que esta comunión espíritu-espíritu puede y debe tener las mas variadas expresionalidades que van desde la contemplación hasta la alabanza.

En resumidas cuentas la forma “Ser” consiste en ser dóciles al Espíritu Santo.

Mientras la iglesia siga realizando mil planes para actuar como Martha (hacer) y deje el papel de Maria (ser) como una responsabilidad personal de cada creyente, como algo que cada quien debe hacer en privado. . . en lo obscurito, en su casa, seguirá siendo cómplice tácito de la drogadicción, el suicidio, las infidelidades, la violencia intra familiar, etc. etc. Es decir seguirá sin cumplir plenamente la misión para la cual fue instituida.


Alcides

jueves, 22 de enero de 2009

Homosexualismo visto como catolico


Todo tema que involucre a la sexualidad humana es visto con sospechosismo en la Iglesia, pues desde sus cimientos biblicos tiene una marcada influencia machista y para llegar a esta conclusión no es necesaria una hermenéutica muy exhaustiva, estas verdades están allí flotando en las cartas paulinas.

El macho no tolera que otro de su género sea diferente, ni siquiera se plantea la posibilidad de que otras formas sean posibles y mucho menos se preocupa por investigar o entender en que consiste la diferencia con aquel que debiera ser -según el- igual. Basta ser diferente para ser equivoco. Aquí la nace la “intolerancia sexual” que padece la persona homosexual, producto de la ignorancia y la cerrazon. Ahora bien en el contexto social esta intolerancia se convierte en una marginación que produce no pocos efectos psicológicos sonre el individuo.

En este marco discriminatorio que afecta la conciencia misma de la persona, debe ser muy difícil para estas personas asumirse como tal, de allí la poca conciencia que tiene de si mismo, pues se asume como lo asumen los demás. Desconozco cual podría ser el alcance de esta autoconcientizacion del ser, pero a la luz de la fe, debiera encontrar su sentido escatológico –insisto, escatológico-, pues de lo contrario seria un sin sentido peor que la inconciencia de si mismo. En este”sin sentido” del ser encuentro la justificante por la cual muchos homosexuales se asumen, visten, hablan, etc., etc. como una imitación burlesca de la mujer.

Hoy en medio de esta cultura hedonista ya nadie quiere cargar su cruz, o a lo menos, queremos escoger que cruz cargar. Es decir, ya no queremos asumir al sufrimiento como un elemento de la vida, pues hemos olvidado la función vital y escatológica del mismo y con este olvido más o menos conciente pasamos a ser los más miserables de todos, como sentencio San Pablo. Asi, navegamos velozmente al puerto de la anarquia con bandera de “tolerancia”; esa forma de “tolerancia permisiva” es tan dañina como la forma de “tolerancia dadivosa” que tu bien señalabas.

En mi pensar la homosexualidad es una condición del ser, ahora bien, es decir esta arraigado en el cuerpo, mente y espiritu; es decir interactúan razón y voluntad. Descartes plantea que la primacía de la segunda sobre la primera constituye la pecaminosidad humana, sin embargo desde la fe podemos considerar una fuerza mas actuando en el ser, esta fuerza es la Gracia, lo cual abre el problema a la discusión metafísica, pues el balance de estas tres fuerzas resulta imposible cuantificarlo. Planteado de otra manera seria así: nos es imposible determinar cual es el alcance de la Gracia en una persona homosexual que trata de vivir desde la fe su condición.

Siempre me ha parecido obsesivamente perturbadora la imagen del árbol de la ciencia del bien y el mal en medio del edén., el malum, el manzano, ¿Qué de malo puede haber en comer de aquel fruto? Creo que esta misma pregunta se plantean aquellos que promueven toda liberalidad de la condición homosexual, es decir, se plantean ¿Qué de malo puede tener dejar sin freno esta la condición?.

Sin embargo creo que una postura todo permisiva es una solución fácil, en la imagen del Génesis, la permisividad es la decisión de Adán de comer aquella manzana, pues visto desde la condición cristiana no podemos olvidar que el sufrimiento tiene su mas profundo sentido en el anhelo escatológico –insisto, insisto e insisto-, el sufrimiento constituye pues a mi ver, la decisión de abstenerse de aquel manjar. Esta solución fácil (o permisiva) acarrea al final de cuenta un sinfín de problemas mas graves o visto desde el Génesis, acarrea la expulsión del edén.

3.-En resumidas cuentas mi postura es esta: Dios no se equivoca y ha creado a la especie humana, hombre y mujer, o como canta, Roberto Carlos: “cóncavo y convexo, así es nuestro amor en el sexo”; de esta estrofa lo primero que nos salta a la vista es la palabra “sexo” sin embargo lo relevante es la palabra “amor”. Amor y pasión, son términos que tendemos a confundir en el corazón pues una disociación alegre conduce al error; la pasión es la fuerza que mueve a la homosexulidad, pasión que parece amor, amor entendido como la fuerza primera que da sentido al ser.
Mientras que no tengamos la voluntad de afrontar el sufrimiento como elemento vital, como parte del ser, caminamos a la descomposición del individuo, la familia, la sociedad, la cultura, inclusive a la de la iglesia misma.

Mentiria si dijera que he quedado plenamente conforme con mi propia respuesta, se que este tema da para mucho mas, y hay muchas variables que dejo de considerar. Pero hasta el día de hoy esta es mi postura mas sincera.

Dice Ratzinger: Discernir claramente lo que es fundamental y lo que pertenece a las consecuencias es una condición indispensable para una reflexión teológica sobre la liberación; creo que este discernimiento también es necesario para la homosexualidad.

Ser permisivo bajo el argumento que puede haber placer y afectividad en una relación entre personas del mismo sexo me parece también una simplificación por demás peligrosa.

Me declaro poco conocedor del tema, así que tambien asumo a Schelder: El buen principiante es esencialmente escéptico.

Alcides

fotografía


La fotografía es un arte y como todo arte tiene su gran problema que se puede plantear así: ¿Cómo hacerlo?, ¿Cuál es el secreto para hacer fotografía artística? Muchos dirán que el truco es saber “captar” el instante, pues a fin de cuentas la fotografía es eso, un instante captado para la eternidad en un papel; para mi seria mas preciso decir que para hacer fotografía se debe saber encontrar lo bello en lo cotidiano. Hacer mas pequeño nuestro ángulo de visión para concentrarnos en aquello que vale la pena, aquello que es trascendente y que siempre esta allí, pero conviviendo con lo efímero, con lo cotidiano.
De cierto modo creo que ese también es el secreto de la felicidad humana, no enfrascarnos en todo lo malo que puede haber, sino descubrir ese millón de pequeñas cosas que valen la pena o como dice una frase que me he topado a menudo en estos días: por cada bomba hay un millón de besos, pero la bomba hace mas ruido. El buen fotógrafo, alegoría del hombre y la mujer que saben ser felices no se fijan en la bomba y todo lo que destruye sino en el millón de besos.
Alcides

martes, 20 de enero de 2009

la muerte


Schopenhauer llamo a la muerte “el gran desengaño”, quien ha pisado los pasillos de ella sabe a que se refería el filosofo alemán. Ante la muerte uno queda expuesto, desnudo, descubre o mejor dicho ve con claridad lo que hay en uno mismo, sus convicciones, sus creencias, lo que uno ama es sopesado y descubierto, la terrible fragilidad de que uno cree “poseer”.
Así que la muerte puede ser la gran maestra, aquella que por paradójico que parezca nos enseña a vivir si es que le sobrevivimos, si es que la vencemos o si es que Dios no tenía dispuesto simplemente que hoy muriéramos.
Por esto, aquel que tacha al suicida de condenado a lo mas recóndito de los avernos se equivoca, ya lo dijo San Pió a una muchacha afligida porque su hermana se había arrojado al vació: del puente al suelo hay mucho tiempo para arrepentirse, si, así es la muerte, así es su inminente presencia, basta una milésima de segundo para enseñarnos muchas cosas.
Alcides