sábado, 3 de noviembre de 2007

Mi, el barco que todos llevamos dentro


Hace unos días me entere de lo que a continuación relato; que es sobre un pequeño velero llamado Mí, tan pequeño en su género que escasamente llevaba a medir ocho pies de proa a popa.
Mi nació en el Océano de las Ideas, y, desde su primer día en el agua el instinto lo impulso a buscar el Puerto de la Verdad; como solo podía llegar a ese lugar –que es una especie de paraíso para barcos- navegando, decidió pues, desplegar lo mas que podía sus velas.
Claro esta que Mi no era el único en estos mares, por el contrario, había millones de barcos mas y todos buscaban el Puerto de la Verdad, pero en direcciones y sentidos tan diferentes que frecuentemente Mi se topaba con barcos que venían de frente a el y hasta uno que otro de estos se llego a mofar del camino de llevaba Mi.
Para complicar mas este calidoscopio de opciones, existían lo que en nuestros mares llamamos “corrientes marinas”, pero entre los barcos de este mar se llamaban “ismos” que igualmente arrastraban a las embarcaciones fácilmente. Entre los Ismos mas peligrosos estaban el Consumismo, el Pragmatismo, el Inmediatismo, el Agnosticismo, por mencionar solo los principales.
Un buen día, después de mucho navegar sin encontrar, Mi se sintió angustiado y abrumado; pues había surcado tantas y tantas millas náuticas sin vislumbrar siquiera aquel puerto al que todo buscabas. Y sentía que su vida corría sin sentido.
Entonces en un acto que fue catalogado por sus compañeros como locura, se soltó gritándole al instinto: ¿Dónde estas?, ¿Existe realmente el Puerto de la Verdad o es solo un invento tuyo?, ¿Por qué no nos das una pista concreta?, así paso largo rato gritando y gritando. Pero el Instinto es un señor muy prudente, pero no sordo, por ello guardo silencio; al final, puso a un lado del timón de Mi un pequeño arbolito de Esperanza en su maceta de barro.
Ese día Mi entendió, que si existía un Árbol de la Esperanza, debía existir también una tierra junto al mar donde estos se dieran por doquier y por lógica debía existir el Puerto de la Verdad a donde los barcos que al final resistieran todas las peripecias de la búsqueda pudieran llegar.
Por ello Mi, guarda el Árbol de la Esperanza, como prueba de que el Puerto de la Verdad existe mas allá de todos los horizontes.

Alcides

martes, 30 de octubre de 2007

Tres reflexiones mientras veo un partido de la seleccion.


¿Qué es lo positivo de las victorias de la selección mexicana de futbol?, que uno se entera de la existencia de paises que realmente desconocia, ¿Guadalupe? ¿Gambia? ¿Lietschteintein?.

¿Qué descubre uno si pone en cero el volumen de la narración televisiva de los partidos de la selección? Que 15 minutos de ver el juego son mas que suficiente para decirdir explorar la programación de otros canales, ¡incluyendo los de corte cultural!.

Otra cosa que uno descubre al bajar el volumen a la narración de un partido es que son primos hermanos el futbol y la lucha libre, al menos en la pantomima.
Alcides

Pequeño diccionario nocturno.


Luna, luz robada al los ángeles.
Noche, hora regalada al amor.
Camino, destino desgarrador.
Huellas, ausencia.
Música, alma eterna.
Flor marchita, final de historia.
Vaso vació, asfixia de un dolor.
Hora, beso de adiós.
Carta, ave de sueños.
Vela, barco que naufraga
en la oscuridad de una habitación.
Pluma, confesión tardía.
Chopin, hijo del encantador.
Biblia, el verbo.
Frió, sin ti.
Calor, aquella gota que me regalaste.
Pecado, tú.
Anatema, desamor.
Grito, por ti.
Cena, pequeña virtud.
Estrella, geometría mitológica.
Difícil, dejar morir.
Perdón, maquina del tiempo.
Pensar, valor.
Hablar, ser y no ser.
Estética, mano izquierda de Dios.
Banca solitaria, belleza.
Verdad, el número más grande que existe
elevado a su misma potencia.
Tierra, infinita esencia.
Olas, la vida.
Amigos, las olas.
Cansancio, virtud.
Aquí, sumar todos los que fuiste.
Fin, Aqui.Luna, luz robada al los ángeles.
Noche, hora regalada al amor.
Camino, destino desgarrador.
Huellas, ausencia.
Música, alma eterna.
Flor marchita, final de historia.
Vaso vació, asfixia de un dolor.
Hora, beso de adiós.
Carta, ave de sueños.
Vela, barco que naufraga
en la oscuridad de una habitación.
Pluma, confesión tardía.
Chopin, hijo del encantador.
Biblia, el verbo.
Frió, sin ti.
Calor, aquella gota que me regalaste.
Pecado, tú.
Anatema, desamor.
Grito, por ti.
Cena, pequeña virtud.
Estrella, geometría mitológica.
Difícil, dejar morir.
Perdón, maquina del tiempo.
Pensar, valor.
Hablar, ser y no ser.
Estética, mano izquierda de Dios.
Banca solitaria, belleza.
Verdad, el número más grande que existe
elevado a su misma potencia.
Tierra, infinita esencia.
Olas, la vida.
Amigos, las olas.
Cansancio, virtud.
Aquí, sumar todos los que fuiste.
Fin, Aqui.

El Teatro y yo


El Teatro y Yo.

Un buen día, allá cuando estaba en eso de tercer año de secundaria, la prefecta paso por el salón para invitar al que quisiera pertenecer al naciente grupo de teatro de la escuela; el cual, iba a ser dirigido por un famoso director de teatro avecindado hace años en la ciudad, cito mas o menos textualmente la referencia del susodicho porque su nombre escapa a mi memoria.
Como eso de la actividad artística me ha movido desde siempre, fui uno de los (pocos) que decidieron al instante asistir a la primer reunión en el auditorio con el citado director, hasta donde se de mi salón fueron tres o cuatro mujeres las que participaron.
Mi primer sorpresa al llegar al auditorio era que estaba casi repleto, al frente, sobre el estrado, la prefecta invitadora y un señor de unos sesenta años, regordete, con guayabera blanca, que sudaba a chorros mientras los chirridos incesantes de los abanicos intentaban en vano sofocar su calor.
Llegada la hora en punto, digamos las diez de la mañana, con una voz potente tomo la palabra el director, para decir:
-Bien, la primer cosa que deben aprender si quieren ser actores es ser puntuales, así que vamos a empezar y que cierren la puerta para que no me dejen entrar a nadie, los que no llegaron a tiempo ya no tienen oportunidad alguna de formar este grupo de teatro.
-Lo siguiente que necesito es que vayan pasando al frente uno por uno a buscar el reloj que acabo de perder; por favor empiecen por esta fila.
Así empezaron a desfilar sobre el estrado cada uno de los concurrentes, bajo la mirada sigilosa del director. Unos apenas si ponían un pie arriba y hacían solo una finta de buscar algo, mas pronto saltaban fuera del escenario. Sin embargo, otras y otras si hacían la pantomima en exceso, al grado que se les tenía que pedir que bajasen pues éramos muchos los que aun teníamos que pasar a buscar el dichoso reloj.
Llegado mi turno me negué a pasar y lo cedí amablemente al que estaba sentado a mi costado, el cual si fue corriendo a subirse al frente. El director noto que yo no había subido y se me acerco para inquirirme:
-¿Por qué no subiste?.
-porque no traía reloj, respondí. Además, es evidente que allí no hay ningún reloj, pues el estrado es totalmente visible desde aquí y no hay nada.
Se me quede viendo, con esa mirada examinadora de aquel que se sabe juez, pero no respondió nada y se retiro para seguir con la mirada a los asiduos buscadores.
Al terminar de pasar todos, volvió a tomar la palabra para decir:
-he visto suficiente, en realidad hay muy poca madera de actores aquí, pero podemos trabajar, podemos pulir eso que hay, para ver que resulta. Todos han pasado al frente, menos ese de allá, el cual me dijo que yo no traía reloj, lo cual es cierto, pero el chiste del ejercicio era actuar como si creyeran que realmente podían encontrar un reloj aquí arriba donde evidentemente no hay nada.
A este punto, confieso, estaba por levantarme para salir del auditorio, pero solo me detenía la vergüenza que me daba que todos vieran que me retiraba. Y es que con franqueza, aquel ejercicio me resulto por demás desalentador, ridículo y falso. Pero podía más mi pena de verme inundado de miradas que una naciente vocación por la actuación. Total que me quede otro rato a escuchar lo que decía el director, aunque como estaba ensimismado en mis reflexiones sobre como salir de allí, cuando volví a la realidad, el regordete e incipiente anciano se encontraba en los comienzos de relatar una anécdota de su juventud, allá en la ciudad de México:
-Miren, cuando yo era de su edad, estábamos ensayando una obra muy famosa, con el mas famoso director de teatro que México ha dado. (En realidad “famosa” y “famoso” no fueron sus palabras textuales, pero mi memoria no da para tanto) En esa ocasión, me equivoque en mis diálogos y empecé a tratar de improvisar, a lo cual el famoso director iracundo, colérico y exasperado me grito: ¡Hijo de tu chingada madre, quien te crees para cambiar la obra de un genio!. Muchachitos, ¿Cómo creen que reaccione?.
Un murmullo se desato por todo el auditorio, las hipótesis iban desde una respuesta en el mismo tono, el comienzo de una trifulca, el abandono de la obra por parte de nuestro relator. Sin embargo, la respuesta nos sorprendió:
-Gracias, maestro, gracias por su corrección. Y así los voy a tratar a mentadas de madre, ¿entendieron?.
Se escucho un “si” generalizado, pero un “si” irreflexivo y mas bien asustadizo. Para mi fue la gota que derramo el vaso, me levante, tome el pasillo y abandone para siempre eso de la actuación teatral.
Atrás solo alcance a escuchar decir al director:
-Aquel que no este de acuerdo, será mejor que renuncie ahora como ese que no quiso buscar el reloj….
Nunca supe si mi pronta partida ocasiono algun otro comentario de aquel señor; solo se que su actitud fue tan poco estimulante para todos que el dichoso grupo naciente solo sobrevivió algo así como un mes. Muchas veces pasa precisamente esto, que aquellos que están versados en alguna expresión artística, en lugar de ser vehículos para acércanos a el arte, son exactamente lo contrario, se convierten en obstáculos en nombre de una pretendida flema de genialidad que solo es la expresión de una neurosis.


Alcides

domingo, 28 de octubre de 2007

Dios y Eva.


Un día, en el paraíso, Eva llamó a Dios:
"Tengo un problema"...
¿Cual es el problema Eva?"...
"Se que me has creado, que me has dado éste hermoso jardín, un
bello cuerpo, toda la gracia, inteligencia, mucho amor, mucha
ternura, un sexto sentido maravilloso, todos éstos maravillosos
animales y esa serpiente con la que me muero de risa.......pero
.....no soy del todo feliz..."
-"¿Cómo es eso, Eva?"- replicó Dios.
-"Me encuentro sola y además estoy harta de comer
manzanas....quiero satisfacer mis necesidades de otra manera, más divertida"...
-"Bueno Eva, en tal caso tengo una solución...crearé un hombre para tí".
-"¿Que es un hombre?"....
"Un hombre será una criatura totalmente imperfecta, maniático,
mentiroso, tramposo, rencoroso, engreído...,en fin, que te va a dar
problemas...Pero será más fuerte y más rápido que tú.
Le gustará cazar y maltratar a los animales que ahora te rodean y sólo por diversión.
Tendrá un aspecto simple, vulgar, con muy pero muy poco cerebro,
sin complicaciones, sin dar explicaciones, algunas veces grosero,
altanero, preparado para el trabajo duro, pagado de si, con algunas
cosas de niño tales como pegarse, dar patadas a un balón, correr detrás de otros...
Pero como te estás quejando de tu soledad y de tu aburrimiento, le
crearé una sola virtud, de tal forma que satisfaga tus.....necesidades."
" Pero eso sí, tendrás que halagarle, reírle las gracias, valorar
sus actitudes, hacerle creer que es el mejor, que satisface tus
necesidades maravillosamente,... podrás ser hipócrita con él,
porque como ya te he dicho será muy simple y se creerá todo lo que tu le digas. "
·"Necesitará siempre de tu consejo para actuar correctamente y
tendrás que estar muy pendiente de él para que no se despiste."
"Parece que suena difícil, pero bien", dijo Eva, mientras levanta la ceja irónicamente.
-"Cuándo voy a tener un hombre en mi paraíso?".....
-"Pues...te lo voy a crear, pero con una condición"........
-"Cual?"...
"Como será picante, rencoroso, vanidoso, arrogante, egoísta,
narcisista, egocéntrico, falso, machista, insufrible, celoso,
mentiroso y muy mamuco....tendrás que hacerle creer que lo hice a él primero..."
(Anonimo).

Cronica de un cateo.


-Joven, orilléese a la orilla. Me grito un policía raso en el puesto de control carretero.
Me estacione de mala gana, casi molesto, pues antes que yo, habían dejado pasar al menos cinco vehículos sin siquiera detenerlos.
-Me permite una revisión de rutina a su vehículo. Musito un desalineado Cabo a la vez que otro Policía se acercaba velozmente para auxiliarlo.
-Claro que si, respondí, y, me baje del automóvil.
Como es convencional empezaron por golpear todo el chasis, mientras hacían el esfuerzo de levantar las orejas para escuchar algo diferente que solo lámina hueca. Una vez que le dieron vueltas a todo el coche con su toc-toc, se subieron a la cabina. Fisgonearon mediocremente el tablero. Me pidieron las llaves, lo encendieron. En este punto fue cuando mi paciencia se vino abajo.
-¡Oiga! –Reclame-¿Para que encienden el carro?, eso no tiene sentido.
El Cabo reviro rápidamente. Con coraje y sin miramientos me dio sus razones:
-Conocemos muy bien a la gente como usted, sabemos que trae algo en el carro, por eso esta usted nervioso.
Me causo confusión que el entendiera por nerviosismo, lo que para mi era molestia. Solo atisbe a responder:
-Mire, revise lo que guste, pero el carro y el estero no tienen porque encenderlos. Esto debido a que en medio del cruce de palabras y como un acto retorito, no contento con verme molesto porque encendió el automóvil, también encendió el sonido. El Cabo volvió sobre mí:
-Tienes edad de narco, trais carro de narco y te gusta la música de narcos.
-Pero si lo que esta en el estero es musica de Silvio Rodríguez, y, a los narcos les gusta musica norteña.
-¡ Lo vez!, sabes muy bien los gustos de los narcos, por eso pusiste a ese Silvio, para tratar de confundirnos.
-¡Puta madre!, es imposible tratar de dialogar con usted. Le dije.
Ante mi reacción que rayaba en la euforia, se bajaron los dos del carro. Me tomaron por el antebrazo y me dirigieron a una silla destartalada que estaba junto a una mesa larga, donde a el otro extremo estaban los demás elementos de el escuadrón.
-Siéntese aquí, y no se levante. ¡Gutiérrez!, usted me responde si este interfecto se levanta.
Entre los demás del escuadrón, ante este grito de su Cabo, hubo uno que despertó abruptamente de su sueño aletargado por el calor del desierto y la carretera. Vino a donde yo estaba sentado y se paro junto en posición de “descanso a discreción”.
Mientras el Cabo y el Policía se regresaron al carro, se subieron, lo encendieron, subieron los vidrios, prendieron el aire acondicionado y le subieron a todo el volumen, lo se, pues retumbaban las ventanas.
El policía que se había quedado parado junto a mí, una vez que estuvo seguro que no lo escuchaba su superior, me dijo:
-No se preocupe, así es mi Cabo, se enputa por cualquier cosa, quédese sentadito y vera que en unos minutos lo deja ir.
Decidí no echarle mas leña al fuego, así que seguí el sabio consejo de mi experimentado custodio. Espere, mientras observaba inmóviles el par de cabezas dentro del carro.
Empecé a divagar sobre lo que tenia que hacer llegando a donde me dirigía. Mientras, el oído se empezó a acostumbrar al silencio, y, a lo lejos, empecé a escuchar la musica que salía de mi carro. Los mendigos habían cambiado de disco, y ahora, se deleitaban con algo de lo viejo de Alejandro Sanz.
Al fin, después de unos quince minutos, se bajaron ambos. El Cabo vino hacia mí, y con voz gruesa y aun molesta me grito:
-Lo vez, guey, nada te costaba quedarte tranquilo. Si te pones perro, nosotros te perreamos el doble. Toma tus pinches llaves y vete.
Las tome con un sentimiento de frustración revuelto con coraje, pero lo hice en silencio. Me fui directo al carro, lo encendí, de reojo cheque que no faltara nada y le di marcha.
El celular estaba dentro de la guantera. Pero recordaba bien que lo traía en el asiento del acompañante. Cuando abrí el aparato constate que lo habían apagado, eso me hizo estallar, saque la cabeza por la ventanilla y les grite:
-¡Hijos de su puta madre!.
El carro ya había avanzado unos cien metros, por lo que supuse que el cabo no alcanzo a escucharme plenamente, sin embargo, por el retrovisor me percate que levantaba su brazo derecho en acción retórica.
Inmediatamente recordé: ¡Esta es la única vía de regreso!.

jueves, 25 de octubre de 2007

¿El existencialismo es un humanismo?


Algunas reflexiones en torno a la filosofía de Jean Paul Sartre.

Es innegable que el Existencialismo ha sido una de las corrientes filosóficas modernas que mas ha marcado a la sociedad, aunque esta, la sociedad en general desconozca el pensamiento directo de los filósofos, es innegable que tal pensamiento se permea hasta las grandes masas, pero diluido de una forma que muchas veces raya en la perversión.

El ejemplo típico actual son los reallity show que podemos ver en televisión, sin duda el mas famoso es el Big Brother; este formato de espectáculo fue inspirado según sus propios creadores en la novela titulada “1984” del escritor George Orwell, la cual esta sumamente influenciada por esta corriente filosófica: el individuo a pesar de permanecer a un grupo social, en realidad esta solo y solo se debe bastar para lograr el éxito.

Pero vayamos viendo un poco en que consiste este pensamiento existencialista en las propias palabras de su más reconocido exponente, Jean Paul Sastre, el cual en su más famoso libro “el existencialismo es un humanismo” expone con toda claridad los axiomas que dan forma a esta corriente:

"El existencialismo ateo que yo represento (...) declara que, si Dios no existe, hay por lo menos un
ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre o, como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia. El hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto, sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Pues queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto, que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Pues lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Yo puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme; todo esto no es más que la manifestación de una elección más original, más espontánea de lo que se llama voluntad. Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es; yo opino que es real el motivo o causa del ser."

Dios no existe.

Para desglosar el párrafo anterior, me gustaría empezar por la primera línea, allí donde dice “si Dios no existe…”; este postulado presupone la no existencia de un ser trascendental, sin embargo no aporta pruebas a favor de ello, lo cual va justo en contra de la ortodoxia racionalista que tanto defiende el ateismo, es decir, se hace a un lado el método científico y se presupone “Dios no existe”; creo que un verdadero acto de honestidad intelectual obliga a establecer pruebas de tal aseveración.
Es evidente pues el prejuicio que se guarda respecto de la existencia de Dios; es una negación que raya en lo patológico para los filósofos modernos, pero ¿Por qué esta aversión al tema de Dios?, creo que primordialmente porque estamos viviendo todavía una efervescencia ante todos los conocimientos y descubrimientos que nos han caído como diluvio en los últimos 4 siglos, es decir, tenemos tantos nuevos datos a nuestro alcance, le hemos robado tanto espacio al misterio, misterio que llamábamos Dios, que creemos como consecuencia que Dios ya no va a estar mas en ningún rincón de nuestra ignorancia.

Así pues, el solo hecho de establecer la posibilidad de un Dios es un acto retrogrado para cualquier filosofo que se jacte de ser serio, pues presupone un volver al pasado. Al cual hemos desechado y se le recuerda solo como historia, sin reconocer la posibilidad que en esos 3000 años de filosofía puede haber cosas realmente buenas, es pasado y merece morir, y en ese pasado también esta Dios, ¡Dios ha muerto!, proclamo Nietszche hace dos siglos.

La existencia precede a la esencia.

Volviendo al análisis del texto leemos el siguiente axioma “la existencia precede a la esencia”; este tema es antiquísimo como la filosofía y las religiones mismas; los bandos van de un extremo a otro, hay quienes pues proponen justo lo contrario, la esencia precede a la existencia como los budistas. Inclusive hay quienes presuponen que ambas son inseparables y solo tienen un principio mas no un final, como el cristianismo.

Aceptar el presupuesto de Sartre, implicaría esperar que un buen día el individuo sufra la inserción de la esencia en su cuerpo, es decir, que el espíritu tome posesión del cuerpo; tal hipótesis que sea presentado por un bando ateo me parece inconsistente pues en todo caso, ¿Quién insertaría tal esencia en el individuo?, ¿la naturaleza?, si es así, ¿Por qué tendría que hacer tal cosa la naturaleza?, ¿no seria esto un acto racional de la naturaleza?, lo cual dicho de paso va en contra del principio de azar que se presupone es el modo de operar y la esencia misma de la naturaleza.

Me inclino a pensar que esencia y existencia nacen a la par, sin embargo la primera permanece en potencia en los primeros años del individuo, es decir, esta allí pero no se tiene la conciencia de ella. Solo la conciencia, es decir, el acto racional es el que es capaz de darnos a conocer la esencia.

El hombre no es otra cosa que lo que el se hace.

De entrada estoy de acuerdo con esta propuesta, somos lo que hemos decidido hacer con nosotros mismos, esta función de la voluntad y el libre albedrío en que opera el hombre. Sin embargo tal voluntad y libertad hay que reconocer que no son plenas; somos seres sociales insertados en la particularidad de nuestro tiempo y difícilmente, sino es que resulta imposible escapar a aquello que nos condiciona tal singularidad. Es decir, vivimos los paradigmas contemporáneos y a lo más que podemos aspirar es a escapar a esos paradigmas; pero descarto un fatalismo en tal condición, sino más bien una necesidad evolutiva gradual en nuestro pensamiento colectivo.
Para explicarme recurriré al celebre ejemplo de Platón titulado “los ídolos de la caverna”; relataba pues el celebre filosofo que existió hace mucho tiempo un grupo de individuos que Vivian en la oscuridad absoluta de una caverna, sin embargo uno de ellos se decidió a explorar hasta que llego al exterior y conoció la luz, maravillado por lo que pudo ver fue a contárselo a sus compañeros, sin embargo estos, lo asesinaron pues creyeron que había enloquecido; así pues el paradigma contemporáneo al que podía aspirar romper el hombre que vio la luz era el de la oscuridad absoluta; no podía ir mas allá, porque desconocía que hay mas allá, solo vio lo que pudo en la entrada de la gruta, quizás un bosque y un cielo azul, pero no pudo hablar, por ejemplo, del mar.

Se necesitan pues, muchos mártires que nos hablen de la luz, para que el colectivo decida ir a la boca de la gruta, sin duda ese día, allí nos estacionaremos, pero empezara a haber nuevos mártires que exploren mas allá de lo que se ve al pie de la gruta, esa es la condición de la humanidad en su conjunto. Así ha operado desde siempre, desde la invención de la rueda, el cultivo, hasta la abolición de la esclavitud y la implementación de la democracia. El desarrollo de la humanidad es un proceso gradual.

El existencialismo es un humanismo.

Por ultimo quiero referirme al titulo del libro, para preguntarme ¿Qué es un humanismo?, según he leído en varias referencias lo común es aceptar por humanismo una corriente que este a favor del individuo, es decir, que este en contra por ejemplo de un nacionalismo, donde el individuo es visto y valorado solo en función de lo que pueda aportar a la nación. O de una religiosidad, donde el individuo esta en función y al servicio de la institución religiosa.

Entonces pues, el humanismo debiera ser una corriente que tratase de comprender íntegramente al hombre: cuerpo, mente y espíritu. Pero el existencialismo de Sastre se declara ateo, con lo cual niega parte de la dimensión espiritual del ser. Para mi esta es una vejación, con lo cual se esta firmando el certificado de defunción de esta corriente filosófica, ¿Por qué?, simple, porque vejando al hombre en su dimensión espiritual será imposible que logre darle al hombre mismo las respuestas que necesita.

El hombre necesita una respuesta integral a su existencia, pero mucho me temo que la tendencia de las ciencias y las religiones es polarizar sus posiciones; pasando del dogmatismo al fundamentalismo y volviendo el supuesto dialogo mas bien un dialogo de sordos donde todos hablan, pero nadie quiere escuchar al otro.

Requerimos con urgencia un doble acto de sinceridad: intelectual y espiritual; solo este doble esfuerzo personal puede arrojarnos las respuestas que requerimos como individuos y como humanidad.

Alcides